Pasados los dos primeros años en Begoña inicié 3º de EGB con mal pié. No sé porqué el nuevo profesor, un sustituto temporal del profesor titular la tomó conmigo y me sentaba en la última fila del aula. Mi rendimiento en los estudios era pésimo, hasta el punto de que me quería hacer repetir curso, pero finalmente no fué así y pasé a 4º. En este curso los castigos ya empezaban a ser bastante duros, pero sin que fuera físico, sólamente psíquico. El profesor nos ponía cara a la pizarra con las orejas de burro pintadas, con lo que eras la mofa del aula.
En 1973 todavía viviamos en la calle Palancia en un piso vecino a la familia Gramaje. Tenía un largo pasillo, entrando a la derecha estaba un aseo, la cocina y el salón, y a la izquierda las habitaciones.En la cocina, la ventana daba al campo de fútbol del C.D. Acero, con lo que veía muchos partidos de fútbol y de frontenis. En esa cocina mi madre tuvo un pequeño incendio cuando se pegó fuego la sartén y lo pasó bastante mal, se quemó el pelo y se asustó mucho.
En el aseo, una vez tiré un envase de danone al WC y lo atasqué, de forma que cuando tiré de la cadena se armó tal atasco que se salió toda el "agua" del WC. Mi padre vió el problema y no podía desatascarlo, hasta que me llamó y me dijo, "mete la mano en la mierda y saca el Danone hijo", asi que eso hice y lo desatasqué. Esa fué la mayor cagada que hice hasta la fecha...
En la calle jugabamos a pillar, al escondite,... los juegos típicos de la época, con mis amigos "el wuana","la porki", y otros que no recuerdo. Al otro lado de la Avda. Camp de Morvedre había unos recreativos donde todavía había máquinas que funcionaban con dos reales y otras a una peseta, y pasabamos buenos ratos jugando. En esta época ya empezabamos a formar pandillas callejeras que dominaban de alguna forma la calle ocupando los lugares de juego preferentes.
En los bajos de la finca había un garaje comunitario al que uno de la pandilla podía acceder con su llave, y un dia entramos con el fin de "adquirir" una nueva bicibleta, la típica de abuelo con frenos de varillas y cuadro con barra, ruedas altas, en fin, tecnología punta para nosotros, que llevavamos las típicas BH o TORROT de cross que se pusieron de moda (ahora se llaman Mountainbike). Al entrar, el gracioso de turno nos encerró dentro, y no podiamos salir, empezamos a aporrear la persiana, hasta que la forzamos de tal forma que se quedó como una lata de sardinas abierta (ya teníamos mucha fuerza pese a la edad). La bicicleta quedó de nuestra propiedad, convirtiendola en un "F1", le pusimos sillín de moto, manillar de croos, freno de pié y un piño que hacía que la bicicleta corriera como una moto...tuvimos esa bici bastante tiempo.
En 4º de EGB, con 9 o 10 años, debimos vender el piso de la calle Palancia e irnos a vivir a la calle Vascongadas, que queda al final de la calle Palancia, en un edificio nuevo de la constructora Hermanos García Marín, y que los cito porque estos hermanos también vivian en la finca, de hay que esté muy bien construída. Nos mudamos a un quinto piso, desde cuyo balcón, que daba a la calle Sagasta, se veía mi querido campo de fútbol, que fué el centro de mi vida durante esos años. Este piso tenía un recibidor y después un largo pasillo, y su izquierda y derecha las habitaciones, mía , de mi hermana de mis padres y a la derecha la cocina, quedando al fondo el salón que tenía el balcón. De este balcón recuerdo que saltaba la barandilla desafiando la gravedad, y me pasaba al balcón del vecino, a una altura de cinco pisos, lo que me da escalofrios de pensar como podía hacer eso cuendo estaba solo en casa, ni entiendo porqué lo hacía, simplemente era otra experiencia.
En la cocina mi madre hacía unos deliciosos canelones,a la que yo ayudaba a preparar el relleno mientras la masa quedaba remojada en la leche, para finalmente dar forma y rellenar los canelones y meterlos al horno. En esta cocina había un armario con unas pastillas efervescentes muy ricas (¿Couldina?), y que cuando podía me comía alguna sin que nadie se diera cuenta.
Como siempre mi madre tenía obsesión por decorar los pisos nuevos y de esta casa recuerdo como empapelabamos las habitaciones.
En el mismo edificio mis padres compraron un bajo para guardar el coche, y dado que este bajo tenía bastante altura, mi padre construyó un altillo, que fué mi cuarto de los juguetes y casi mi casa, tenía baño con ducha y todo. Cuantas horas pasaba en este garaje jugando, cuando salía del cole, solo o con amigos, que estaba ubicado en la calle Vascongadas, una calle sin asfaltar, en la que todavía se podía jugar con las "canicas" a "muerte" y al "frendiz". En esta calle las peleas eran frecuentes, casi diarias, por cualquier motivo te estabas pegando con tu amigo, dos revolcones y ya está, sin más, al dia siguiente ya era tu amigo otra vez. La verdad es que ese cambio de piso supuso un cambio de amigos, y total nos mudamos a la otra esquina.
sábado, 23 de mayo de 2009
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