sábado, 25 de abril de 2009

La infancia

Los primeros recuerdos que me vienen a la mente acerca de mi infancia, en torno a 1969, se situan en las casas para trabajadores de Ferroland, fábrica de cementos muy conocida en Puerto de Sagunto, ya que mi padre trabajaba en esta factoría y le concedieron una vivienda. Esos primeros años debimos ser bastante felices, o a mi me parece; mi madre no trabajaba y se dedicaba a las tareas del hogar, mi hermana y yo ibamos al colegio, si bien, había en el barrio una escuela infantil para los hijos de los trabajadores, que es donde yo iba, en un edificio de una sola planta, que a mi me parecía enorme, si bien actualmente es la vivienda de un indigente y está medio en ruinas, y no tiene más de cincuenta metros cuadrados. Esta escuela infantil estaba situada al final de la calle e ibamos todos los dias al cole, me llevaba mi hermana. La vivienda en la que viviamos tenía una planta baja y recuerdo un salón y a mano derecha la escalera que subía a la planta de las habitaciones, al fondo la cocina y una puerta que daba al patio posterior. En la planta superior, al subir la escalera, quedaban dos habitaciones a mano derecha, la de mis padres con mi cuna y la de mi hermana y una la frente, que la empleabamos como salita. Recuerdo que muchas veces estaba solo en la cuna de la habitación de mis padres y me bajaba de la cuna, aunque no se como, deslizándome hasta la salita, donde había un "monstruo" en la puerta del aparador, que era de raiz y formaba unas figuras a las que tenía pánico, para posteriomente lanzarme por la escalera rodando como una bola hasta la planta baja, con el consiguiente "chichón" y posteriores cicatrices que aun conservo de los cantos de esa escalera. No recuerdo mucho a mi madre ni a mi padre...
En la parte posterior de la casa, el patio era nuestra zona de diversión, con el cesto de la ropa mi hermana me arrastraba por todo el patio, me utilizaba como si fuera una muñeca y lo pasabamos bien, aunque yo no recuerdo mucho más. A las viviendas se accedia por una cancela que cerraba la calle, quedando a la izquierda de esta puerta una valla que limitaba y separaba esta de las vias del ferrocarril de Ojos Negros, por donde circulaban permanentemente trenes cargados de carbón, hierro, acero, bobinas, etc... lo que sumado al polvo de cemento de la fábrica, me hace pensar que el entorno en el que me desarrollé no era del todo saludable. De esta casa no queda en la actualidad mas que el solar, el vallado y el patio posterior, ya que la he visitado no hace mucho. Visitar la casa donde creciste y verla destruída es muy triste, te trae recuerdos, una sensación a la vez de nostalgia y de terror, un frio interno me recorrió todo el cuerpo al pisar esa casa y el patio en el que vivía hace cuarenta años y no sé porque,... no lo entiendo. Es curioso, sigo sin recordar a mis padres en esa casa, como si no estuvieran nunca...

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