martes, 13 de octubre de 2009

4º de EGB 1975/1976

El año 1975 estuvo marcado por la muerte de Franco y todo lo que supuso en la sociedad, la movida, manifestaciones, los grises, las noches de gritos en la calle y redadas.
Mi padre en esa época debía estar trabajando en Sidmed y Metalúrgica Saguntina, siempre tenía dos empleos y trabajaba, y trabajaba, y trajaba,..., y mi madre limpiaba la casa y la volvía a limpiar, y la limpiaba, y la volvía a limpiar...mientras yo me desarrollaba en la escuela y en la calle, sobre todo en la calle y el el garaje. Este garaje, de puerta azul que aún se puede ver en la calle Vascongadas, era el centro del barrio, y en él dormía mi perro Toby, un pointer blanco-negro de raza que estaba loco y cada dos por tres se escapaba y era la gracia del barrio, todos lo conocían.
En la escuela empezarón a cambiar las cosas, pero de forma lenta, se notaba al profesorado menos agresivo, pero seguian las técnicas intimidatorias del "Bola" y del "Brichi", profesores de matematicas y lengua respectivamente. Se le llamaba el "Bola" porque años a tras, cuando un alumno hablaba o tenía un mal comportamiento en clase, sin previo aviso ni mediar palabra, le lanzaba a ola cabeza una bola de alquitrán, a modo de pelota de beisbol con la dureza de una pelota de golf. Ya contaban de la habilidad conseguida por este profesor y su afinada puntería, adquirida con los años supongo, para impactar en la cabeza adecuada y no en la del compañero, aunque dicen que en muchos casos fallaba, recibiendo el monumental golpe el alumno de detrás. En lo que a mi respecta, este maestro "solo" nos pegaba con la mano o con la regla de madera, que en esos años las fabricaban de tamaño desmesurado, de 50 cm de longitud o más, con espesores y anchos considerables, debia ser que estaban destinadas al castigo y no al dibujo técnico. En la clase de figuras geométricas, si recuerdo habernos lanzado el dodecaedro o la esfera de madera, del tamaño de una manzana, que formaban parte de una kit de enseñanza de figuras geométricas muy vistoso. Gracias a dios nunca lanzaba el cubo o el tetraedro, con sus aristas vivas.
Los castigos de rodillas en la pizarra, latigazos en la mano con la regla, y hasta en la cara eran habituales en las clases de matemáticas. A el "bola" tambien le llamabamos el "manoplas", por el tamaño de sus manos, que te dejaban el "moflete" hinchado de por vida, y puede que hasta alguno esté "sordo" por este motivo.
El "Brichi", por su apellido Briz, hombre de reconocido prestigio en la población, vivía en la zona del Pasaje Vicente Moliner del Puerto, y lo sé porque un día, a la hora del patio en el cole, me envió a su casa donde había olvidado el almuerzo, es decir, mandó a un "menor de edad" a la otra punta del pueblo para que le recogiera el almuerzo que su amable esposa le había preparado. Esto ahora es impensable que pueda suceder, pero entonces no pasaba nada, y hasta se veía bien. Lo mejor de todo es que cuando me presenté en su casa, su mujer me dió el supuesto bocadillo envuelto en papel de plata, pero al llegar a la escuela y entregarselo al maestro, sorpresa mayúscula y carcajada generalizada de todos los alumnos al ver que dentro del paquete no había un bocadillo, sino un montón de longanizas. Esto suposo un bronca para mí por el error.
De este curso recuerdo otros profesores, D. Ramón, que era una persona bastante paciente y contenía mucho el castigo físico, aún asi cuando se enfadaba la bofetada era de campeonato, aunque es posible que te la merecieras.